La Web es la Biblioteca de Alejandría de nuestros tiempos.
En ella está flotando sobre "la nube" todo nuestro conocimiento, está
recreada, cada vez más, toda nuestra vida. Es la herramienta que todo artista,
arquitecto o ingeniero habría deseado, pues ha conseguido abarcar todos los
campos de la vida: profesional, cultural y, por suerte o por desgracia, social.
Es este último campo, quizás, la
parte oscura de La Web. Porque a la vez que ofrece facilidades para el trabajo
o permite el enriquecimiento de la erudición de una manera "global" y
cómoda, también nos roba la humanidad.
Con esto me
refiero claramente al problema que ocasiona el excesivo uso de La Web como
canal para la comunicación: el cual ha dejado de usarse como mero instrumento
con el que mandar mensajes, enviar fotografías y/o videos para convertirse en
el único para muchos. Estas personas de mirada fija en una pantalla han dejado
de iniciar una conversación en una guagua, de decir “buenas” en las salas de
espera, de preguntar “¿cómo ha ido el día?” mientras esperan con su pareja a que
el camarero traiga la carta… e incluso han dejado de quedar con sus amistades
para hablar cara a cara y ahora quedan para seguir hablando a través de una
pantalla.
Es evidente
como la absoluta facilidad que La Web nos otorga para todo es increíble pero, y
ya yéndonos a un campo un poco más personal, este avance tecnológico tan
repentino debería ir acompañado de una educación a la par, para que su uso sea
el correcto y el más eficiente, no solo para el aparato en sí, sino también
para la sociedad al completo.